martes, 21 de abril de 2015

Ellas y ellos


  Un estudio de la Universidad de Chile sobre la voz humana, concretamente la femenina, demostraba que es bastante frecuente que ésta sea molesta para los hombres. Pero hay una razón fisiológica para que un hombre no pueda escuchar durante mucho tiempo la conversación de una mujer, incluida su propia pareja. Argumenta el estudio en cuestión que las inflexiones y matices de las voces femeninas son más complejos de descifrar, por lo que requieren de una mayor actividad cerebral y lleva aparejado el consiguiente cansancio para los hombres. Mientras que los hombres tienen un estilo plano, sencillo y menos complejo, las mujeres tienen un estilo circular, poseen un vocabulario más amplio y una mayor fluidez al hablar, según el profesor de neurología Carlos Silva. El tono suave y melódico de la mujer provoca la dispersión masculina. Más allá de toda broma, según los especialistas “si una mujer quiere conversar con un hombre, lo deberá hacer en períodos cortos y si no es posible tampoco eso, tendrá que dejar las conversaciones para las amigas”.
   Estas diferencias hacen que cuando la pareja se enfrenta a un conflicto, la mujer tiende a hablar al respecto y el hombre prefiere esperar que las aguas se calmen. En definitiva, los hombres eligen el silencio y las mujeres, las palabras.
   No se trata de calificar qué es mejor, pues este hecho diferencial es una manifestación más de las diferencias de configuración del cerebro masculino respecto al femenino. El citado estudio, además, comenta que la mujer emite un rango de frecuencias de sonido más complejo debido a las diferencias en el tamaño y forma de sus cuerdas vocales y laringe. El conocimiento de estas características nos puede ayudar a suavizar algunas situaciones en las que la mujer se queja de que él no la escucha y él de que ella habla demasiado. También alivia nuestras conciencias y nos puede ayudar a encontrar un punto medio.
    Los hombres debemos enfrentarnos en muchas ocasiones a una pregunta que nos pone en un aprieto cuando nuestra pareja, sacándonos de nuestro ensimismamiento, nos dice: cariño, has oído lo que te he dicho, y nosotros, tratando de salir del apuro, decimos que sí, acordándonos a duras penas de las últimas palabras, y recitándoselas como prueba de nuestra atención.
       Otra situación práctica de este “conflicto” la veremos estos días de buen tiempo, cuando salimos a pasear y nos encontramos con otras parejas. A poco que haya cierta confianza, enseguida se produce una separación provisional y nos encontramos habitualmente con los hombres caminando en grupo adelantado, hablando de sus cosas, y las mujeres, atrasadas, de las suyas. De tanto en tanto, quizás miremos distraídamente hacia atrás para comprobar que llevamos una distancia que no asegure que no les alcance nuestra cháchara. Feliz verano y que cada uno encuentre su remedio.

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