Un estudio de la Universidad de Chile sobre
la voz humana, concretamente la femenina, demostraba que es bastante frecuente
que ésta sea molesta para los hombres. Pero hay una razón fisiológica para que
un hombre no pueda escuchar durante mucho tiempo la conversación de una mujer,
incluida su propia pareja. Argumenta el estudio en cuestión que las inflexiones
y matices de las voces femeninas son más complejos de descifrar, por lo que
requieren de una mayor actividad cerebral y lleva aparejado el consiguiente
cansancio para los hombres. Mientras que los hombres tienen un estilo plano,
sencillo y menos complejo, las mujeres tienen un estilo circular, poseen un
vocabulario más amplio y una mayor fluidez al hablar, según el profesor de
neurología Carlos Silva. El tono suave y melódico de la mujer provoca la
dispersión masculina. Más allá de toda broma, según los especialistas “si una mujer quiere conversar con un
hombre, lo deberá hacer en períodos cortos y si no es posible tampoco eso,
tendrá que dejar las conversaciones para las amigas”.
Estas diferencias hacen que cuando la
pareja se enfrenta a un conflicto, la mujer tiende a hablar al respecto y el
hombre prefiere esperar que las aguas se calmen. En definitiva, los hombres
eligen el silencio y las mujeres, las palabras.
No se trata de calificar qué es mejor,
pues este hecho diferencial es una manifestación más de las diferencias de
configuración del cerebro masculino respecto al femenino. El citado estudio,
además, comenta que la mujer emite un rango de frecuencias de sonido más
complejo debido a las diferencias en el tamaño y forma de sus cuerdas vocales y
laringe. El conocimiento de estas características nos puede ayudar a suavizar
algunas situaciones en las que la mujer se queja de que él no la escucha y él
de que ella habla demasiado. También alivia nuestras conciencias y nos puede
ayudar a encontrar un punto medio.
Los hombres debemos enfrentarnos en
muchas ocasiones a una pregunta que nos pone en un aprieto cuando nuestra
pareja, sacándonos de nuestro ensimismamiento, nos dice: cariño, has oído lo que te he dicho, y nosotros, tratando de salir
del apuro, decimos que sí, acordándonos a duras penas de las últimas palabras,
y recitándoselas como prueba de nuestra atención.
Otra situación práctica de este
“conflicto” la veremos estos días de buen tiempo, cuando salimos a pasear y nos
encontramos con otras parejas. A poco que haya cierta confianza, enseguida se
produce una separación provisional y nos encontramos habitualmente con los
hombres caminando en grupo adelantado, hablando de sus cosas, y las mujeres,
atrasadas, de las suyas. De tanto en tanto, quizás miremos distraídamente hacia
atrás para comprobar que llevamos una distancia que no asegure que no les
alcance nuestra cháchara. Feliz verano y que cada uno encuentre su remedio.

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